
La idea del espectáculo es acompañar a la protagonista (Greta) en la espera. Hay algo becketiano en su espera a un personaje que nunca llega. La acción que da dinámica a la obra es mostrar una espera no pasiva, sino con acción: hablar por teléfono, vigilar la ventana, ordenar libros, beber una copa, etcétera. Marilú puntualiza: “Lo que se quiso hacer, la idea del espectáculo, es la de acompañar a la protagonista (Greta), que nunca es Silvina, sino alguien que la evoca. Y quien nos trae su mundo cruel, poético, lúdico, entre otras cosas. Y especialmente reflejar su mirada afectiva y amorosa hacia los otros, con la lucidez, exenta de prejuicios, típicos de su obra. El humor, su sutil sentido del humor, es protagonista. Y, desde ya, su fina ironía. Nunca la vi, ni la conocí, en mi vida, sino a través de su obra, y pude atesorar a lo largo de su escritura una presencia seductoramente carnal. Espero poder encarnar algo o mucho de eso, a través de Invenciones”.
No es la primera vez que estas dos mujeres entran en comunión virtual. No hay que olvidar que el primer contacto teatral de ambas se produjo en París 1997, cuando Marini estrenó Lluvia de fuego, y años después, en sus lecturas recientes de Invenciones del Recuerdo, en Villa Ocampo en el 2007.
Otra fuente nada despreciable será el anecdotario hilarante trasmitido a través de tantos años, en forma verbal, por sus más íntimos y devotos amigos, que siempre destacaron su ingenio y su calidad hilarante e imaginativa, pocas veces igualada.
Los mejores relatores, muchos concuerdan, de su anecdotario personal, fueron el fotógrafo y poeta Pepe Fernández, el escritor Enrique Pezzoni y José Bianco. Por suerte, la tradición oral de sus ocurrencias todavía se conserva en las buenas manos, e igualmente buena memoria, de Teddy Paz y Edgardo Cozarinsky. Todas esas historias ya constituyen casi un género literario en sí mismas, idea que le hubiera fascinado a Silvina. Tímida y secreta, sin embargo, prefería contestar las entrevistas por escrito porque decía de sí misma: “Mi espontaneidad es tan lenta....”
Gracias a la obra, Marilú está segura que el público va a captar el constante chisporroteo de ocurrencias y asociaciones que revelan su poética de la cotidianidad. “Todo lo que refiere a Silvina y su mundo deja un sedimento de alta espiritualidad e ingenio. Eso me ayuda a entrar en el personaje con una gran libertad no convencional y a su visión del mundo, hoy tan actual. Y, a la vez, constatar su fe en el hombre, en los bichos, en las plantas y el mundo cotidiano. Casi podría resumirse, como en su respuesta al cuestionario Proust cuando le preguntan sobre cuál es su ocupación preferida, y ella contesta: ‘contemplar, cualquier cosa’. Lo que además me atrae es que su visión sea irónica, sin escepticismo, donde se advierte una gran sensualidad.”
También Marini asegura que en la obra no hay un “buen gusto editado”, por lo que hay que hacer un trabajo muy sutil y promete que no imitará a Silvina Ocampo. En cambio, elegirá su gestualidad, para evocarla.
Coincide en que otros detalles, como la ropa, creada para la obra por Oria Puppo, contribuirá también. “Una pollera plato de piqué blanco está bordada con una carga emocional y naive de los ’50, haciendo desfilar en el imaginario un mundo de naturaleza, de citas clandestinas en los parques, caricias robadas detrás de los árboles. Sin desdeñar el mundo cotidiano de lo fantástico, prohibido y misterioso. La blusa tiene un escote bote, sugerente y casto a la vez. El maquillaje y peinados han sido documentados en fotos de la época. Mi peinado, como Greta, se ha inspirado en fotos de Silvina, las más emblemáticas, con su melena informal y suelta”, describe Marini.
Personas y Personajes
El autor y director Alejandro Maci le ha dado al personaje de Greta las palabras que han sido alimentadas, a la vez, por las de la propia Ocampo. Por eso, Marilú confiesa que la conmovió especialmente encarnar a ese personaje (Greta), “porque me interno en el mundo de esa mujer singular. Ella formaba parte de una clase social que a priori tenía una conducta establecida y estructurada. Y, sin embargo, aun cuando conserva esa estructura, la articula de otra manera, una manera inusitada. Donde el imaginario está completamente presente en lo real y desde donde ella se acerca a las relaciones con los otros desde un centro y una interioridad atípica y como inventada, sin salir de la realidad nunca. Con una disciplina involuntaria y secreta, como la de una actriz”, precisa Marilú.
Ese es el punto en el cual evidentemente se encontrarán Marilú-Greta y Silvina Ocampo, en el escenario del teatro Presidente Alvear, el 30 de julio próximo, cuando se estrene Invenciones, de Alejandro Maci. Las luces son de Alejandro Córdova, la música de Julián Vat, la ropa de Oria Puppo. El director asociado es Joaquín Bonet.
Los personajes femeninos que ha elegido Marilú en su vida rutilante de actriz han sido tan fuertes como, a veces, crueles. Desde Señorita Gloria, del autor brasileño Roberto Athayde, en 1973, en Buenos Aires, y con la dirección memorable del talentoso Roberto Villanueva. Más escenografía y vestuario de Claudio Segovia. Un elenco glorioso que inauguraría el toque under teatral en un escenario improvisado y puesto en valor con el talento inigualable de Segovia en ese depósito de muebles, convertido en teatro, que se llamó Mudanzas, en la calle Sarmiento al 1600.
Muchos años después de exitosos personajes fuertes, sin olvidar a su sublime Mujer Sentada, de Copi, dirigida por Alfredo Arias, le tocó Winnie, en Ah, les beaux jours, de Becket, dirigida por Arthur Nauciziel en dos versiones, francés y castellano, en 2004, en Buenos Aires. Y, finalmente, su más reciente trabajo es Madame de Sade, de Mishima, estrenada en 2008 en París, donde seguirá hasta el 2010 y se podrá ver en toda Francia.
“En Madame de Sade hago la madre de la protagonista, Madame de Montreuil, que es el personaje que se enfrenta al marqués de Sade. Una mujer con poder, convicciones morales y religiosas muy fuertes, pero que no desdeña recurrir al engaño y la mentira para vencer al divino marqués. Lo que es interesante en la obra de Mishima es que todos los personajes son mujeres, las que al entrar en contacto con Sade (lo prohibido) se sienten impulsadas, cada una de ellas, a ir hacia los límites de su personalidad y sus convicciones, haciéndolas salir de su statu quo y autoafirmarse. El contacto con lo prohibido las toca tanto que abandonan su condición burguesa y, de alguna manera, las lleva a rebelarse.”
La chica de tapa
Para abandonar quizás por un momento la máscara de sus personajes crueles y violentos, y a poco de estrenar Madame de Sade, en París, el año pasado, Marilú le pidió a Juan Gatti que le hiciera unas fotos con su verdadera máscara, la de todos los días. La sesión fue en Madrid, en el estudio de Gatti, donde eligieron las tomas, la puesta y el vestuario.
En una de ellas, Marilú está vestida con un tailleur de lainage, clásico, en tonos amarronados, de Hermès, recién salido de su placard privado.
Y en la otra, usa un conjunto de blusa blanca, con mangas balón, junto a una falda larga de seda negra, firmado por Pablo Ramírez. Su maquillaje suave y natural, que acentúa su mirada generosa y sutil, está enmarcado por el pelo corto, sin rastros de ningún tipo de sofisticación ni artificio. Esa Marilú es la que se refleja en las fotos estupendas de Gatti, especialmente cedidas para esta nota de Las 12.